CRÓNICA DE LA 1.ª BREVET (OFICIOSA) DE A.D. PEDALES

Getafe 6/3/2021

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La ruta de marras, muy variada y con final por terreno sobradamente conocido

 

El sábado 6 de marzo de 2021, a las 8 h de la mañana, nos damos cita siete compañeros de AD Pedales en la parada de taxis del Alcampo del Sector III de Getafe con el fin de iniciar la primera brevet oficiosa de 200 km.

Nos presentamos Toño, Arantxa, Óscar, Marcos, Michael, Rubén y un servidor. Rubén, con la intención de acompañarnos solo hasta la rotonda donde empieza la subida de La Radio, dado que no tiene churripuntos suficientes como para realizar la ruta completa y pasar todo el día sobre la bicicleta; Toño y yo, a modo de entrenamiento para llegar entrenados a la Superbrevet Astúrica Augusta de 1200 km que se celebrará el próximo 23 de agosto si las restricciones por Covid lo permiten; Óscar, para meter una brevet más en la buchaca, y Marcos y Arantxa para salir de dudas de si son capaces de rodar más de 200 km y romper así sus récords personales de distancia recorrida en bicicleta.

Momentos antes de la salida, la emoción se palpa en el ambiente

 

La previsión del tiempo anuncia un día prácticamente sin viento, cielo cubierto por nubes altas, una temperatura moderada entre 12-16 ºC durante todo el día y momentos soleados que se cumpliría a rajatabla y nos permitiría disfrutar aún más de la experiencia.

Arrancamos pasadas las ocho y recogemos a Marcos en el Lidl del polígono industrial San Marcos. El ánimo no puede ser más positivo y Arantxa se encarga de recordárnoslo de vez en cuando con un «¡Qué emoción, chicos, mi primera brevet!». Sin darnos cuenta, nos encontramos rodando a un ritmo muy tranquilo, de entre 21-23 km/h, definitivamente a no más de 25 km/h, conversando con entusiasmo sobre muchas cuestiones relacionadas con la larga distancia, hasta el punto de que Óscar nos tiene que recordar que no estaría mal avivar el ritmo para luego no tener que avivarlo más tarde. Tiene razón: mientras el recorrido sea favorable porque tiende hacia abajo o el viento sopla de culo y las fuerzas estén intactas, resulta razonable llevar una velocidad de crucero ágil para ir pasando los kilómetros.

Terminando de bajar La Marañosa, con frío, como no...

 

Hace algo de fresquete hasta llegar a San Martín de la Vega, algo previsible por las horas que son, pero a partir de ese punto la temperatura empieza a aumentar y el pedaleo resulta muy agradable. Cuando llegamos a la rotonda donde comienza la subida de La Radio, Rubén nos hace algunas fotos desde la cuneta y se despide de nosotros. Nos quedamos finalmente solos los seis compañeros que tenemos intención de llevar a cabo la ruta completa.

Nos despedimos de Rubén y comenzamos a pensar en el desayuno


En la rotonda de entrada a Arganda seguimos recto y al pasar a la altura de la estación de La Poveda, Marcos grita: «¡Yuriiii!, ¿dónde andaaasss?», que nos arranca una sonrisa. Por algún motivo irracional, esperamos encontrarnos con él en algún momento, ya que por el chat de la peña no para de decir que se apunta a todo, pero luego al final no se viene a nada. Algún día nos dará la sorpresa de aparecer o de volverse a apuntar a la peña...

Continuamos con calma, regulando mucho, ahora de uno en uno porque toda la subida de La Poveda tiene bastante tráfico, pero en cuanto giramos a la izquierda en dirección Loeches, los coches casi desaparecen del todo y enfilamos una calzada que parece recién puesta y está muy  limpia, por lo que las bicis ruedan ágilmente a pesar de que tiende hacia arriba. Ante dichas comodidades volvemos a rodar de dos en dos y a retomar las conversaciones, que se centran ahora en dónde hacer la primera parada para desayunar. Llegamos rápidamente a la conclusión de que el lugar ideal no es otro que el primer pueblo que hay nada más salir de Loeches (para qué liarnos más). Se trata de Torres de la Alameda, que queda a una decena de kilómetros de donde nos encontramos.

A veces las mejores decisiones son las espontáneas y en cuanto entramos en Torres de la Alameda (km 63) nuestro instinto (o nuestro estómago) nos descubre una cafetería con terraza perfecta para dejar las bicis. Allí que vamos y procedemos a hacer la primera parada importante: tostadas con tomate, aceite y sal, zumos de naranja, cafés con leche, no cabe un alfiler en la mesa y eso que yo solo tenía intención de tomarme un café y nada más, pero las sensaciones son tan buenas, el ánimo de todos es tan positivo y en la terraza donde estamos se está tan bien, que al carajo con las prisas. Hacemos un bote de dinero aportando unos 10 euros por persona y nombramos a Óscar tesorero, que de eso ya tiene experiencia.

Casi tres cuartos de hora después, con el estómago lleno, las piernas relajadas y las pulsaciones bajas, cuando ya se nos ha olvidado por qué nos habíamos levantado tan temprano por la mañana, nos ponemos en marcha. La ruta transcurre aún por una carretera que pica hacia arriba de forma constante pero suave hasta llegar a Corpa (km 72), donde nos espera un bonito repecho con un desnivel de hasta el 11 % y, después, la ruta nos lleva hasta Pezuela de las Torres (km 80) tras una sucesión de toboganes y viento de cara. Hay que regular bien (como siempre, pero sobre todo en este tipo de terreno). De hecho hay que regular todo el camino, porque a los 200 km no hay que perderles nunca el respeto.

Yo llevo bastante comida en los bolsillos del maillot, pero es una manía que tengo. Me gusta ir comiendo cada 30 o 40 kilómetros, aparte de lo que tomamos en las paradas. El objetivo es evitar las pájaras por pequeñas que sean. Sin embargo, después de hacer la rápida bajada de Pezuela para luego girar a la derecha y coger la carretera a lo largo del valle del río Tajuña, siento las piernas bastante cargadas, y eso que la carretera es cuesta abajo hasta Orusco de Tajuña (km 103). Me pongo a buscar una razón y no se me ocurre nada en ese momento. A bote pronto, creo que es porque no he descansado lo suficiente durante la semana después de salir dos días seguidos por Las Vegas, pero luego caigo en un motivo aún más plausible: estoy empezando a deshidratarme. Apenas he bebido nada hasta ahora porque hemos estado casi todo el tiempo de cháchara. Así que intento ponerle remedio y beber más.

En Orusco de Tajuña se acaba la bajada y giramos a la izquierda, adentrándonos por una carreterilla estrecha y botosa que asciende hasta Brea de Tajo para luego coger otra en perfecto estado que termina en Estremera (km 121). Llevo las piernas ya como bloques de hormigón, pero no digo nada. Tengo la esperanza de que cuando hagamos la parada del almuerzo pueda reponerme y hacer unos estiramientos para ver si mejoro las sensaciones.

A la llegada a Estremera, prácticamente de forma improvisada decidimos parar en el restaurante de la estación de servicio que hay a la entrada y que en la brevet de 200 km de Chamartín sirve como primer punto de control. Nos sentamos en la terraza, pero esta está ubicada de tal forma que nos da una brisilla fría constantemente que nos deja a punto de tiritar. Al menos a mí. Toño, por supuesto, tiene calor y se baja la cremallera del maillot de verano con el que ha venido: debe tener el termostato estropeado al igual que Michael, que se quita incluso las perneras.

El cielo no termina de despejarse y el viento es fresco mientras terminamos de comer unos bocadillos de atún, lomo con tomate y otras viandas que no recuerdo, demasiado perdido en recuperar el calor. Si la parada del desayuno fue de casi una hora, de no ser porque en la terraza donde nos encontramos nos quedamos helados, seguro que nos habríamos quedado más tiempo almorzando, pero en cuanto terminamos de comer, Óscar pide la cuenta, paga y nos ponemos en marcha, no sin antes ejecutar unos cuantos estiramientos.

Los novatos, Arantxa y Marcos, van muy bien. Todavía no han alcanzado sus respectivas distancias límite, pero les sugerimos que vayan guardando fuerzas y que estiren un poco, pues todavía queda más de la mitad de la ruta y bastante desnivel que salvar. Lo bueno es que desde Estremera salimos en bajada casi todo el rato. Y cuando no es bajada, la carretera llanea con el viento de culo o de forma lateral. Toño se pone delante a un ritmo muy bueno que sin ser excesivamente fuerte, es vivo y sostenible, perfecto para el terreno y los kilómetros acumulados en las piernas. Le imita Michael, Arantxa y los demás, y comenzamos a hacer relevos no demasiado cortos, por lo que llegamos ágilmente a Fuentidueña de Tajo (km 132). Pero ojo cuidao que no hay que confiarse, porque aunque hasta Villamanrique de Tajo (km 141) continúe la bajada, es a partir de este pueblo que nos encontramos la subida de mayor entidad de toda la ruta, la conocida como El Molino o Los Pinos, según cada cual. Comienza con un falso llano que se empina suavemente sin que te des cuenta, luego viene una corta bajada y otro falso llano, otra bajada y vuelve a subir, ahora con más inclinación para volver a bajar y enfilar el último tramo que serpentea entre pinos, de unos 2 km y con desniveles de hasta el 7 %.

Solo cada uno sabe bien cómo van sus fuerzas, pero también es cierto que cuando no se tiene mucha experiencia en pedalear grandes distancias, las sensaciones muchas veces son equívocas. Parece que vas bien, las piernas se sienten enteras, las pulsaciones no van muy elevadas, el cuerpo casi te pide apretarte un poco como para demostrarte que vas bien. Lo haces, acabas algo cocido cuando llegas arriba, pero no mucho, lo has conseguido, tampoco era para tanto, aunque entreno poco no estoy en mala forma, vega, vamos, avancemos. ¡Uy!, mira, ahí viene otro repecho, las pulsaciones ya no están tan abajo, las piernas arden en cuanto enfilas la primera rampa, ostia tú lo que me queda y ya voy para el arrastre, ¿qué ha pasado...?

¿Qué ha pasado?, pues lo que suele pasar cuando te confías o todavía no conoces bien tu cuerpo. Unos lo llaman exceso de confianza; otros, falta de sentido común; otros, no conocerse lo suficiente. En cualquier caso, la mejor manera de evitar que te pase esto es que lo experimentes varias veces. Es una de las cosas más difíciles de aprender. Lleva tiempo saber cuándo no tienes que apretarte y por eso, en ese sentido, hacer larga distancia es tan diferente a las salidas con la peña, esencialmente más explosivas.

Cuando empieza la última parte de la subida a El Molino nos separamos, cada uno sube a su ritmo, no sin antes advertir a Marcos y Arantxa de que deberían ir bastante tranquilos, algo que consiguen, porque gran parte de la ascensión la hacemos hablando.

 

Coronando la subida a Colmenar de Oreja

Llegados a Colmenar de Oreja (km 157) nos anima saber que hasta Chinchón solo hay escasos 5 km, que es la distancia que nos separa de la tercera y última parada prevista, esta vez para merendar. No recuerdo de quién fue la idea de las palmeras de chocolate, creo que de Óscar, pero cuando entramos en Chinchón, lo primero que hicimos fue buscar una pastelería y comprar unas cuantas. Fue la mejor idea de todo el día. El pueblo estaba lleno de gente paseando por las calles y las terrazas estaban ocupadas, así que nos fuimos a la cafetería que hay en la primera rotonda cuando se viene de Titulcia. Pedimos unos cafés y procedimos a dar cuenta de las palmeras. Ya solo por estos deliciosos bollos mereció la pena levantarse ese día.

 

Las palmeras, a buen recaudo bajo el envoltorio blanco

 

A partir de aquí proseguimos por terreno sobradamente conocido. Enfilamos la carretera del 10 % y una vez abajo, aprovechando que la carretera sigue descendiendo nos ponemos a hacer relevos largos, avanzando a muy buen ritmo, 32-35 km/h. Ya solo queda la subida de Ciempozuelos (km 184) y prácticamente está todo hecho. Yo le pregunto a marcos que qué tal va y me responde que cansado, algo dolorido en las rodillas, pero que a pesar de eso puede continuar al ritmo al que vamos.

Hacemos la subida a Ciempozuelos muy suave porque somos conscientes de que nos estamos acercando a la distancia más larga recorrida por Marcos y Arantxa, y la idea es que cuando lleguen a la parada de taxis del Alcampo no quieran mandar la bici a la porra.

Una vez coronada la subida a Ciempozuelos, Óscar se pone delante marcando un ritmo suave pero decidido que hace que pasemos por los Torrejones sin que nos demos cuenta. Tenemos el sol de frente y nos ciega un poco, pero es en ese momento en el que me doy cuenta de que por fin se han abierto las nubes. No hay mejor final de ruta que cuando sale el sol después de llevar todo el día escondido detrás de las grandes masas nubosas. Sabe a recompensa. Y por si esto fuera poco, llevamos el viento de culo.

Entramos en la carretera de La Sangre y Óscar y Toño paran un momento para aliviar la vejiga mientras los demás vamos tirando tranquilos. En la cabeza van Marcos y Arantxa. Miro la velocidad en el Garmin: 26-27 km/h. A este ritmo, pienso, van a tener que darse un pequeño calentón para cogernos. De repente escucho a Arantxa decir: «¡doscientoooooosss!». Efectivamente, acabamos de llegar a los 200 km y hay que celebrarlo de alguna forma. Toño y Óscar llegan poco después. Se han perdido la celebración por motivos fisiológicos, pero no importa porque lo de verdad relevante es cuando lleguemos juntos a la parada de taxis.

Acaba La Sangre, atravesamos el Polígono Industrial Sonsoles y encaramos el último repecho antes de la M-50. Allí me apetece apretarme y subo con todo lo que puedo. Llegamos al Sector III y mientras callejeamos hasta la parada de taxis vuelvo a tener esa sensación difícil de explicar que tengo cuando termino una brevet.

Aunque esta no ha sido una brevet oficial me ha dejado el mismo sabor.

En la parada de taxis la alegría es contagiosa, chocamos las manos y nos damos la enhorabuena con una sonrisa enorme en la cara. «Bueno, ahora a pensar en el 300», dice alguien. Se propone quedarnos a tomar algo, pero son las 19 h y empieza a oscurecer. En mis cálculos pensé que llegaríamos sobre las 17.30 h, pero las paradas prolongadas han cambiado la hora de llegada. No importa. Lo hemos pasado genial. Nos despedimos hasta la próxima.

 

 

Epílogo: dramatis personae

Toño: no lo parece pero siempre está atento de que todos estemos bien. Últimamente no sale en bici casi nada pero está en una forma excelente. Terminó los 200 km como quien va y viene a comprar el pan. Alega que la idea de la 1.º brevet de AD Pedales es de Dani, pero la verdad única e indiscutible es que fue suya.

Óscar: es el diseñador de esta brevet (y de muchas otras rutas que disfrutamos un montón los demás). Es gran conocedor de lugares fantásticos para pedalear. Organizador nato y elemento imprescindible para que la experiencia fuera un auténtico éxito. Atento siempre de los novatos, también nos cuidó a los demás.

Michael: de esta brevet se lleva el apodo de «Locomotora alemana» por la facilidad aparente con la que rueda en el llano. Así le llaman los que lo han visto poco subir puertos, porque también los sube a todo tren. Se apunta a todas las salidas y en esta, aunque no lo ha dicho porque fue el primero en desviarse hacia casa, seguro que se lo ha pasado bomba.

Arantxa: la alegría del grupo, punto. Cuando en el fragor del pedaleo nos quedábamos un buen rato en silencio ella se encargaba de recordarnos lo felices que nos hace ir en bicicleta. En ningún momento tuvo ninguna queja, ni siquiera cuando le atiborrábamos a consejos y comentarios sobre la larga distancia. ¡Qué paciencia la suya! Mostró una valentía y una fortaleza admirable. Habría terminado igual de bien sin tantas recomendaciones.

Marcos: dicen que suele quejarse mucho, pero en esta brevet de 212 km y más de 1700 m de desnivel no le oí lamentarse nunca. Sabemos que pasó momentos difíciles pero tuve que preguntarle para corroborarlo, pues el tío tiene un coraje enorme que se empeña en maquillar con el personaje quejica que ha creado para despistar al personal.

Dani: alguien dice que solo entra en calor a partir del km 100. La larga distancia es un tema del que podría pasarse hablando hasta la extenuación, así que no saques el asunto a menos que sepas en lo que te metes. Procuró aconsejar y cuidar de los novatos lo mejor que pudo, pero estos le hicieron la tarea muy fácil porque mostraron una audacia y una valentía formidables. Se le agua el ojo de pensar que después de esta brevet de AD Pedales vendrán muchas 

6-marzo.